lunes, 25 de agosto de 2014

Qué sabe el mercado que nosotros desconocemos

Argentina entró formalmente en default el 30 de julio último. Más allá de la voluntad de pago del Gobierno, los fondos no llegaron a mano de los acreedores y los cupones del bono de Descuento en dólares Ley Nueva York no fueron pagados.


Eso es historia sabida. 


A partir de entonces el flujo de noticias en torno a esta situación ha sido realmente importante. Hagamos un breve reconto:

- Primero nuestro ministro de Economía calificó al evento de incumplimiento como "pavada atómica".


- Luego la Asociación Internacional de Derivados y Swaps (ISDA en inglés) declaró el default propiamente dicho y dispuso una subasta del pago indemnizatorio por el incumplimiento de contratos para el 2 de septiembre.

- También supimos ser testigos de las negociaciones que bancos extranjeros llevaron a cabo con los "fondos buitres" y que no llegaron a buen puerto.

- Finalmente, hace unos días, la presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner anunció el envío al Congreso de la Nación de la Ley de Pago Soberano buscando que se reemplace el lugar de pago de los bonos ley NY por la plaza local.

Realmente todo es muy intenso. Y ni siquiera ha transcurrido un mes desde el default a la fecha. Algunos optimistas mantienen la posición esperanzadora de esperar hasta el 1 de enero de 2015, fecha en que cae la cláusula RUFO (Rights Upon Future Offers), para que el Gobierno encare una negociación final con los denominados buitres y solucionar el problema de una vez por todas.

Sin embargo, soy algo escéptico con esta posición.

Pensando en voz alta digo, ¿cuál es el incentivo que tiene el Gobierno de arreglar con los holdouts cuando las encuestas marcan que la imagen de la mandataria argentina se fortalece cuanto más obstinada es su lucha contra los buitres que quieren apoderarse de la patria?

Realmente ninguno.

De continuar estos réditos políticos personales, la situación puede quedar indefinida hasta la llegada del próximo Gobierno. De todas formas la realidad económica y social pone un límite a ese comportamiento y sabemos que 14 meses en Argentina hoy (cuando se celebran las elecciones presidenciales) son realmente una eternidad.

El ritmo de deterioro de ciertas variables económicas es muy preocupante. Y se tratan de variables muy sensibles para el común de la gente.

La disparada del dólar blue en torno a $ 14, pese a que lo nieguen, tienen un pesado y negativo efecto sobre las expectativas inflacionarias y de la actividad en general. Omitir este efecto es como querer, una vez más, negar la realidad.

Un país donde las expectativas son negativas no puede salir del preocupante nivel de "estanflación" en el que nos encontramos. Ya ni siquiera la caída del nivel de actividad es capaz de poner un freno a la tasa de inflación. Por el contrario, esta última se acelera sin importar lo que acontece con la caída, ha tomado inercia propia.

La situación de crisis está lejos de ser comparable con la acontecida en 2001, pero a medida que los problemas se agudizan, el panorama luce realmente más sombrío.

Sin embargo, pese a esta coyuntura, el mercado todavía no está "priceando" un escenario de caos económico total. 

Es cierto, los activos argentinos bajaron (acciones y bonos), pero lejos están de un derrumbe generalizado considerando el gran alza que habían mostrado en los meses previos.

A modo de ejemplo, el ADR de Galicia sólo bajó un 15% desde que se declaró el default, un nivel que no indica la apocalipsis. Y en el mercado argentino la acción subió por el efecto del alza del "contado con liqui".


Realmente hay algo que el mercado sabe o apuesta y que el inversor común no puede descifrar.

Quien les habla tampoco.

Si es una cuestión concreta, bienvenida sea y aplaudiremos el final feliz. Ahora bien, si todo se basa en esperanza y fe y finalmente ninguna negociación en puerta emerge para encauzar la situación, entonces sí podemos ver una caída acelerada de los activos.

El mercado tiene paciencia. La pregunta es hasta cuando.

El tiempo dirá...

domingo, 3 de agosto de 2014

Los efectos del default en 5 gráficos

Hace exactamente una semana escribía un artículo titulado El costo de un nuevo default para la Argentina en donde precisaba la dinámica de los efectos que se podían suceder en caso de que el país ingresara en un nuevo incumplimiento de su deuda pública.

Como en aquella ocasión, repito, las magnitudes de los incumplimientos de 2001 y 2014 no son comparables, pero ambos comparten una características en común: la incertidumbre.

De acuerdo a cómo se dieron los acontecimientos durante la última semana, el Gobierno ha radicalizado su postura contra los fondos buitres, el juez Griesa y el mediador Pollack. Todo esto indica que en el corto plazo no es probable que se alcance un acuerdo. Los incentivos son bajos. La nueva fecha límite es el 30 de septiembre, cuando se arribe al vencimiento de los intereses del bono PAR.

Las expectativas, entonces, están puestas en un posible acuerdo entre privados.

Mas allá de esto y de la retórica de las palabras de los funcionarios argentinos señalando que el país no está en default, las consecuencias del incumplimiento ya se están haciendo sentir.

La semana pasada señalé que los primeros efectos se verían por el lado financiero, para luego, de proseguir con el incumplimiento, tener su impacto sobre la economía real.

Y en el sistema financiero ya se han manifestados los impactos negativos.

Analicemos esto en cinco gráficos.

1. Riesgo País. Después de haberse ubicado en niveles por debajo de los 600 puntos básicos, ante el default generado el 30 de julio el riesgo país salto por encima de los 700 puntos básicos nuevamente. Esto es un indicador directo del riesgo que implica invertir en Argentina y se trata del costo de financiamiento que deben afrontar la Nación, provincias y empresas en caso de que el mercado voluntario de deuda estuviera abierto.

Para tener una idea de cuán riesgosa es Argentina hoy, Brasil ostenta un riesgo país tres veces inferior mientras que para Chile este indicador se ubicar en niveles de 130 bps.


2. Contado con Liquidación. Este concepto surge del dólar que relaciona un activo financiero que cotiza en el mercado local con la cotización del mismo activo en los mercados de Nueva York. Básicamente es una medida que indica cuánto esta dispuesto un inversor pagar el dólar para sacarlos del país. Cuanto mayor es el dólar de contado con liqui, más riesgo percibido. Antes del default este dólar oscilaba los $ 9,70 / $ 9,80. Hoy está en $ 10,30 y subiendo.


3. Dólar Blue. Es cierto que el volumen del dólar informal no es tan representativo, pero también es real que el nivel de transacciones viene aumentando, sobre todo en momentos de mayor incertidumbre. Y el dólar informal tiene un impacto directo en la formación de expectativas. Muchos formadores de precios que importan bienes establecen su precio en base al valor de reposición de los bienes en base a este dólar. Desde principio de junio la tendencia es creciente y acelerándose en los últimos días para ubicarse cerca de $ 13. Mayor valor del blue, mayor presión inflacionaria.


4. Credit Default Swap (CDS). Los CDS son coberturas contra un default que toman los inversores en contratos privados. Es cierto que no tiene implicancia directa en lo inmediato, pero a mayor prima del CDS más probabilidad ven los inversores de un default. Esto es, más riesgo percibido y más tasa de rendimiento reclamarán al país en el caso de una nueva emisión de bonos.

Los CDS con vencimiento a 5 años dieron un salto exraordinario el día viernes 1 de agosto.


5. Tasa Interbancaria. Por último, también se comenzó a vislumbrar cierta presión alcista sobre las tasas de interés domésticas en pesos. La primera en reaccionar fue el "call money" o la tasa interbancaria, que es la que se cobran los bancos por préstamos de cortísimo plazo, hasta siete días, para cubrir cuestiones puntuales de liquidez. El salto en esta tasa fue evidente el viernes y, de persistir, tendrá su impacto en las tasas de interés de financiamiento de consumo e inversión.


Como observamos, el sistema financiero ya reflejó la mayor incertidumbre que generó el default. De no ser resuelto en breve, la economía real comenzará a recibir las consecuencias negativas de este proceso.

Y eso es algo que no le conviene a nadie por sus impactos económicos y sociales.

(*) Fuente de los gráficos: Ambito.com y Deutsche Bank


domingo, 27 de julio de 2014

El costo de un nuevo default para Argentina

Por Diego Martínez Burzaco

Escribo esta columna con el riesgo de que quede obsoleta en cualquier momento, tal vez horas, si efectivamente llega un acuerdo de último momento entre el Gobierno y los holdouts para evitar el default (incumplimiento de pagos de deuda) el 30 de julio próximo.

Ojalá así sea, todos saldríamos favorecidos.

Porque si bien es cierto de que poco tendría que ver la magnitud de este default con el ocurrido en 2001, ya que la deuda involucrada en esta oportunidad es apenas el 1% del monto al momento del estallido de la Convertibilidad (US$ 1.330 millones vs US$ 102.000 millones), existen impactos negativos comunes a ambos procesos.

Y la actual administración gobernante sabe de aquellos costos que implicará un nuevo incumplimiento. Si realmente no tendrían un efecto nocivo de gran magnitud sobre la actividad económica no destinaría tanta energía en su ataque hacia los "buitres", el sistema capitalista extremo y la justicia neoyorquina sintetizada en la figura del juez Griesa.

Seria interesante analizar qué hubiera pasado durante los últimos 45 días si el Gobierno utilizaba esa energía para encauzar las negociaciones, buscar caminos innovadores y lograr una solución que no comprometa la situación económica de corto plazo ni la sustentabilidad de mediano plazo.

Esto, hasta el momento, no ha ocurrido. Nuevamente reitero, ojalá llegue ates del 30 de julio.

Las esperanzas se achican. El argumento oficial de señalar que Argentina no entrará en default porque ha instrumentado los pagos correspondientes al vencimiento de deuda, desligándose de la responsabilidad de si el dinero llega o no a los acreedores, es como decir que la Selección ganó la Copa del Mundo porque Messi definió de manera perfecta su jugada en la final contra Alemania y la pelota no entró por algo ajeno al jugador del seleccionado.

Es como querer interpretar una realidad distinta a la que realmente es. O, simplemente, volver al recurrente ejercicio de la negación.

La realidad indica que se entrará en default el 30 de julio si no hay acuerdo.

¿Qué implica para todos nosotros?

El primer canal de impacto es lo financiero. Precios de bonos y acciones bajan, suben los costos de financiamiento e imposibilita acceder al escaso crédito externo que tenían a disposición algunas empresas argentinas. Un caso puntual es YPF que recientemente había colocado US$ 1.000 millones a 8,75% bajo un bono a 10 años con legislación neoyorquina. Sí, leyó bien, legislación de Nueva York.

Otro canal de impacto es la mayor presión cambiaria. La incertidumbre, sumado a un nivel de inflación sin precedentes para la era kirchnerista, agudizara la demanda de dólares, en un país donde la divisa escasea. Para contener la suba de la moneda estadounidense, habrá que seducir a los ahorristas con alzas en las tasas de interés internas para que no vuelquen sus pesos hacia un refugio extranjero. Esto afectará, tarde o temprano, al financiamiento de capital de trabajo de empresas en el ámbito doméstico.

En relación al consumo y la inversión, un default es sinónimo de mayor incertidumbre. Y cuando ésta aumenta, ambas variables se ralentizan o paralizan. Se postergan planes de consumo e inversión hasta encontrar un escenario menos beligerante. Falta la confianza. Todo esto impacta en la actividad.

La velocidad de ajuste de estos impactos es distinta. Lo financiero es inmediato, lo real tiene un desfasaje, pero llega.

Y esos costos los pagamos todos. Tarde o temprano, la cuenta se paga.

Se pueden evitar con audacia y valentía política de afrontar los problemas y no patearlos para adelante. Espero, como señalé al principio, que esta columna quedé obsoleta antes del 30 de julio. Esto indicará que todos hemos ganado con el problema resuelto.



jueves, 17 de julio de 2014

Para los economistas, no existe un “default controlado”

Nota publicada en El Cronista Comercial con participación propia

Desde la oposición y el propio oficialismo reconocen que el término ni siquiera existe en el mundo financiero.  Dicen que desde Economía se lo busca relacionar con la idea que una cesación de pagos no generaría un escenario catastrófico como el de 2001.

“El Gobierno va hacia un default controlado”. Nadie se adjudica la frase y tampoco está claro quién quien fue el primero en usar el término en la discusión sobre la negociación de la deuda argentina, pero lo cierto es que la idea de "default controlado" empezó a rodar y creció cual bola de nieve. Muchos hasta pensaron que el término existía en los libros de economía y finanzas. Pero hacia allí fueron en busca de una definición y nada encontraron.
Cronista.com consultó a economistas y especialistas en finanzas y mercados que, provenientes tanto de la oposición como el oficialismo, coincidieron en señalar que el término “default controlado” no tiene una definición académica.
“La verdad que se trata de una terminología que no existe en los mercados globales ni en el mundo financiero. Si no se paga, es un default liso y llano, ya que no se puede aludir al juez (norteamericano Thomas) Griesa o el BONY como los culpables”, analizó Diego Martínez Burzaco, economista en jefe de Inversor Global.
Advirtió además que “un default tiene consecuencias primero desde lo financiero, con caídas de acciones y bonos”, a lo que se suman “encarecimiento de la tasa de interés y presiones sobre el dólar”. “Todo eso se traslada, después de un tiempo, a la economía. Las empresas encuentran más costos para financiar su capital de trabajo y los consumidores deben enfrentar unencarecimiento del préstamos al consumo”, analizó.
“Controlado es una expresión de deseo”, aseguró por su parte Rodrigo Alvarez, economista y director de la consultora Analytica y subrayó que “la macro no se bancaría este escenario”.
Alvarez señaló que “si a fin de mes el pago no se cumple, este no va a ser un default distinto a los default tradicionales”. “Vamos a tener una mayor presión sobre tipo de cambio y volverán las expectativas de devaluación. En un escenario macro te comiste la competitividad que lograste tocando el tipo de cambio en enero”, evaluó.
Sostuvo que el Gobierno busca imponer la idea de que “no va a ser el default con las mismas implicancias  que en 2001. El gobierno está llegando con cero margen de maniobra solo ajustó la tasa de interés, el tipo de cambio y sigue sin solucionar temas como inflación y el problema fiscal”.
“Con default controlado o no, no accedes al mercado de crédito”, pronosticó.
En sintonía, Esteban Domecq, director de Invecq Consulting SA, comparó un intento de “default controlado” con “algo así como venir por la ruta a alta velocidad y volantear para salirse del camino intencionalmente”.
“Esta maniobra de por sí es muy delicada, porque si algo sale mal, no solo te saliste del camino, sino que probablemente también vuelques y/o colisiones”, apuntó y consideró que los sucesos de los últimos días, con negociaciones que no avanzan entre las partes reflejarían “que el Gobierno está barajando con mucho optimismo la idea de no negociar con los buitres, entrar en default técnico de manera ‘controlada’ y luego plantear nuevos mecanismos para seguir con los pagos de la deuda reestructurada”.
Cerca del oficialismo también reconocen que el tal "default controlado" carece de una definición técnica que explique que podría englobar. Si bien niegan ser padres del término, reconocen que desde el Ministerio de Economía se buscaría dar la idea de que la situación que podría desatar una caída en default hoy no es para nada comparable con el desastre ocurrido en 2001, que incluyó corridas cambiarias, recesión y confiscación de depósitos, entre otros puntos.
En diálogo con Cronista.com Agustín D’Attellis de La Gran Makro, consideró que el término “es un raro invento” en medio de una negociación que nunca se dio y que genera que “todo lo que pasa sea inédito”. Es tratar de configurar algo que es totalmente inédito. Pero 'default técnico', si hilamos, fino tampoco existe”, sostuvo y opinó que lo que se trataría de decir es que Argentina entraría a fin de mes en una cesación de pagos en la que el impacto sobre la economía sería limitado.
Y agregó “es importante destacar que de entrar Argentina en un default técnico el 30 julio, en ningún momento se presenta un escenario catastrófico. Las variables económicas son otras en comparación a 2001, principalmente en cuanto a una economía desendeudada”.
Al ser consultado sobre desde que sectores habría surgido el término, D’Attellis dijo desconocer quién fue el primero en tirarlo al ruedo, aunque consideró que desde Economía se buscaría “quitar de encima el emparentamiento de la gente con un cuadro catastrófico”. Argentina no va a negociar porque no puede por la cláusula RUFO, que le generaría una oleada de juicios. Creo que va a preferir default técnico unos meses”, analizó.
El economista Fernando Camusso fue directo y apuntó: “Sin perjuicio de la capacidad de respetables profesionales que opinaron sobre la posibilidad de organizar un default táctico o controlado, creo que el riesgo a sumir es sumamente alto e imposible de medir y acotar”.
“Entiendo que se hable de default técnico dado que en realidad lo que se quiere mostrar es que existe capacidad de pago y que por lo tanto no se debe a un default pleno como en el 2001, sino a un fallo de la justicia norteamericana. Sin embargo, técnicamente solo existe default, lo otro lo agregamos a conveniencia. No debemos subestimar los costos socio-económicos de un evento de esta naturaleza”, advirtió.

sábado, 28 de junio de 2014

Argentina: El deja vú de la curva invertida

Mucha agua ha corrido bajo el puente en los últimos días en relación a la disputa legal que mantiene Argentina con los holdouts (acreedores que no ingresaron a la reestructuración de deuda) en la Justicia de Nueva York.

La situación ha pasado frenéticamente de un extremo al otro con pocas definiciones concretas en torno a cómo se dirimirá la cuestión.

En particular he sacado dos conclusiones a partir de los últimos acontecimientos:
  1. Argentina entrará en un "nuevo" default el lunes 30 de junio al no pagar los intereses de la deuda emitida bajo ley Nueva York.                                                                                                  
  2. El país llegará un acuerdo con los "fondos buitres" tarde o temprano.
Más allá de lo anterior, al ver el mercado podemos sacar una conclusión más concreta: la paradoja de la "curva invertida" (nuevamente) de rendimiento de los bonos en Argentina.

¿Qué implicancia tiene esto?

Cuando en finanzas e inversiones se estudia la relación entre el retorno de un bono y su vencimiento, la teoría nos indica que cuanto más largo es el bono, más rendimiento (TIR) debe tener.

Esto se debe básicamente a que como los pagos futuros que hace este bono están más espaciados en el tiempo, eso genera mayor incertidumbre sobre la posibilidad de recibir dichos pagos y, como consecuencia, el inversor reclama mayor retorno por aceptar esa prima de riesgo.

Pero claro, como en todos las ocasiones, existen excepciones.

En este caso es la Argentina y su "curva invertida" de rendimiento de los bonos.

¿Qué es esto?

En términos simples implica que un bono de corto plazo tiene un rendimiento mayor que otro de largo plazo. 

Pero ¿en este caso se estaría rompiendo la regla expuesta anteriormente de que a mayor plazo del bono, mayor debe ser el rendimiento'.

Sí. 

Y esto se explica por la amenaza de un nuevo default (cesación de pagos). Cuando el emisor de la deuda enfrenta limitaciones para hacer los pagos de su deuda en el corto plazo, se trate por cuestiones propias o de terceros, es normal que los bonos de cortísimo plazo sean más castigados que los bonos de largo plazo.

Esto se debe a que se especula que los bonos más largos tienen más tiempo de recuperarse en caso de concretarse un default y que tienen menos para perder por sus menores paridades en el caso de una futura reestructuración.

Y esto es lo que refleja el mercado de bonos soberanos argentinos en la actualidad:


Como se observa, mientras que el Boden 2015 (RO15), que vence en octubre de 2015, tiene un rendimiento de casi 11% en dólares con una duration (plazo promedio ponderado) de algo más de 1 año, el Bonar 2024 (AY24), el bono recientemente emitido para compensar a Repsol por la expropiación de YPF, rinde 10,5% con una duration de 5 años.

Razonamiento similar podemos hacer con el segundo bono más corto en dólares, el Bonar X (AA17), que tiene una duration de algo más de 2 años y un rendimiento de 10,25%.

¿Es acaso irracional?

No tanto. Nuevamente, en este tipo de situación de distress, el mercado reacciona con estos "desarbitrajes".

Sin embargo, la situación es sustancialmente distinta al 2001 cuando se declaró el mayor default de la historia.

Si piensa que la sangre no llegará al río finalmente, entonces apostar al Boden 2015 y Bonar X para hacerse de dólares y una renta interesante, con los riesgos del caso, pueden ser una movida inteligente.